El Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad invita al  Curso

“Historiografía Política de México. 50 Libros básicos que todo analista debe leer”.

Dirigido a:

  • Estudiantes o graduados de periodismo
  • Periodistas en áreas políticas
  • Analistas
  • Articulistas
  • Columnistas
  • Consultores Políticos
  • Editorialistas

Interesados en general en la vida política de México.

  • Curso vía zoom.
  • 4 módulos de 3 horas cada uno, 12 horas en total.
  • Dos grupos:
  • Dos grupos:
    • Viernes 9-12 horas. 17, 24 , 31 de octubre y 1 de noviembre.
    • Sábados, 9-12 horas. 18, 25 de octubre y 1, 8 de noviembre.
  • Mínimo 15 asistentes por grupo.
  • Certificado de acreditación validado por el Instituto de Investigación en Diseño Editorial Avanzado aprobado por la UNAM.
  • Ponente: Mtro. Carlos Ramírez Hernández, columnista político, director de El Independiente.

Sobre el ponente:

“Estudió Administración de Empresas en la Universidad Iberoamericana, UIA. Ha sido reportero de los diarios El Heraldo de México, El Día, El Universal y El Financiero, donde también escribió la columna “El indicador político”.

Coordinó la sección de información económica de la revista Proceso. Fue subdirector de la agencia CISA; encargado de asuntos económicos y financieros y subjefe de información. Trabajó como subjefe de la Sala de Prensa de la Dirección de Información y Relaciones Públicas de la Presidencia de la República. 

Ha sido profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, y de la Universidad Iberoamericana. UIA. Fue comentarista político en los programas radiofónicos “La agenda de Carlos Ramírez”, de la estación Q940, en el programa de Nino Canún, de Radio Fórmula y en Radio Trece. Ha sido director de la revista La Crisis, columnista de El Universal y director de su vespertino El Gráfico.

Carlos Ramírez incursionó en el cuento y escribió ensayos sobre temas políticos y económicos. En sus cuentos conjuga los elementos reales de la vida cotidiana con lo absurdo que destruye mitos generados dentro de la vida familiar. En sus ensayos estudia los problemas de la administración pública de los últimos años, sobre todo en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (Cuando pudimos no quisimos, El asesor incómodo y Salinas de Gortari: Candidato de la Crisis); así como los económicos, generados por la crisis, en la devaluación de 1982 y La psicosis del dólar, este último es la crónica de la especulación y la fuga de capitales del País. En Operación Gavin estudia las relaciones de México con Estados Unidos, bajo el gobierno de Ronald Reagan.

En forma especial, resalto y encomio su apoyo y solidaridad con el gremio periodístico organizado conformado por la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX; Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE, y Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP-México, baste citar que en una ocasión dedicó la edición completa de su revista “La Crisis” al registro puntual de las víctimas mortales: periodistas, locutores, trabajadores de la prensa, amigos y familiares de comunicadores, escoltas y civiles, lista lúgubre que suma 400 homicidios de 1983 a la fecha, además de las 28 desapariciones forzadas pendientes de aclaración.   

En forma muy “apretada” nos vamos a referir a la entrevista a Carlos Ramírez, realizada por el colega, Abraham Gorostieta de “Índice Político” en la que resalta su doctrina profesional, que sintetiza en estos apotegmas del “periodista que lleva en las venas la política y las letras y la disciplina ‘que es el método del columnista; si no, entonces el caos o el desorden llevan al columnista a escribir sin método y con alto grado de desatino’”

Así la inicia: Hubo un momento en la vida política del país donde un periodista estaba en el centro de la lectura obligada. Ese periodista era ni más ni menos que Carlos Ramírez y su columna Indicador Político de lectura obligada.

Carlos Ramírez ha trabajado y ha estado en contacto con los iconos del periodismo mexicano, José Pagés Llergo, Manuel Buendía y Julio Scherer. Sin titubear explica: “La disciplina es el método del columnista; si no, entonces el caos o el desorden lleva al columnista a escribir sin método y con alto grado de desatino”, hace una breve pausa y retoma la palabra: “Nada se compara con el acto de escribir una columna de análisis, de investigación, de interpretación o de información. Cuando escribo tengo en cuenta tres cosas: los datos, las fases temáticas y el lenguaje”.

Se confiesa bibliófilo: “Todos los domingos voy a una librería a unos pasos de mi casa; los que atienden son mis amigos, platico con ellos de novedades y ellos me hacen recomendaciones. También, por lo menos una vez al mes voy a alguna librería de viejo; de pronto encuentro obras originales y sobre todo revistas fuera de circulación. Y trato –cuando me lo permite el tiempo- de ir al Péndulo, Gandhi, Fondo de Cultura y Sótano. En el año que ha terminado, regresé a tres temas de mi pasión: la literatura de la onda, literatura del existencialismo y novela de espionaje. Y siempre están los escritores o periodistas que lo estimulan a uno, para mí por ejemplo están: periodistas como Manuel Buendía; analistas como Gastón García Cantú y Daniel Cosío Villegas. Claro, ellos ya no están, pero no pasa semana sin que relea sus textos. De escritores hay muchos. Mis pasiones: Jean Paul Sartre, Malraux, Albert Camus, Vicente Leñero, Octavio Paz”.

Nace en Oaxaca en 1951. Su familia, padre y abuelo eran políticos, el propio columnista recuerda: “Mi abuelo fue revolucionario, Emiliano Ramírez, padre. De Los Dorados de Pancho Villa. Tengo una foto donde esta con su traje de Dorado, él, a caballo” dice con orgullo y se le hincha el pecho y continúa: “Mi padre fue político del PRI, Emiliano Ramírez, hijo. Fue secretario general del PRI en Oaxaca”. Al hablar de sus antecesores, la mirada del columnista se ilumina, sus ojos miran a su propio pasado. Yo fui muy pegado a mi padre, siempre junto a él.

Se reconoce como un mal estudiante:, pero fue seducido por el periodismo sí, el seductor, don Manuel Buendía, Ramírez -otro gran e ilustre amigo-, narra: “Me concentraba más en la oficina de un amigo que era periodista y ahí me contrataron para hacer reportes de las noticias de los diarios o de boletines. Mi amigo periodista me enseñó a redactar notas. Lo hacía unas horas. Pero lo reafirmé ahí lo que quise ser y soy: periodista”.